Las personas son regalos que la vida me ha dado. Ya vienen envueltas, algunas en forma muy bella y otras de una manera menos atractiva.

Algunos han sido maltratados en el correo; otros llegan como "entrega especial". Algunos llegan envueltos, otros cerrados con gran rigidez. Pero la envoltura no es el regalo y es importante darse cuenta de esto. Es muy fácil equivocarse en este sentido, juzgando el contenido por el estuche.

A veces el regalo se abre con facilidad; otras veces se necesita la ayuda de otros. Tal vez es por miedo, tal vez por viejas heridas que no se quieren volver a experimentar. Si alguna vez fuimos tratados como regalos descartables, probablemente hoy nos sintamos cosas y no personas.

Recuerda… Yo soy una persona, tú eres una persona. Y como todos, también somos un regalo. Poseemos virtudes y experiencias que nos pertenecen y nos hace únicos. Y sin embargo, algunas veces tenemos miedo de mirar dentro de nuestro envoltorio. Tal vez tengamos miedo a la decepción, a lo que podamos encontrar. Tal vez nunca hemos aceptado la clase de regalos que somos.

Cada encuentro y comunicación entre personas es un intercambio de regalos. Mi regalo soy yo, tú eres tu regalo.

Es difícil a veces diferenciar el envoltorio del verdadero regalo que está en su interior, pero el esfuerzo de diferenciarlas nos lleva al encuentro personal con el otro, y este encuentro siempre es un verdadero milagro.

Nosotros mismos podemos tener una envoltura maltratada, pero lo que llevamos dentro siempre será hermoso. Nunca lo olvides.

Autor Anónimo